martes, 28 de noviembre de 2017

Sinestesia. Entre el umbral de la vida y de la muerte en esta vida que te devuelve la vida.

Me gusta ir a conciertos....mucho. La lejanía de la capital no permite que sea constante ni mucho menos frecuente la inserción en esos recintos efímeros y conectivos, pero es necesario.

Todo tenía cierta identidad, cierto sentido, cierta claridad hasta Sigur Ros.
Me costó decidirme por ir, pero todo cambió y por esos extraños premios que te da la vida....legué a la primera fila.

Me conecté con algo escondido esa noche; con esa esperanza apaciguada por la realidad mundana que me ha tocado vivir y que en buena y mala parte, he ido generando en mi paso errático en esta vida.

Logré en ese viaje de 2 horas reconectarme con emociones que me llevaron 10 años atrás, que me empujaron y devolvieron al estado actual, recordé noches en un sillón, ahogado por situaciones tajantes. Logré verme reflejado en la angustia, en la desolación de una mala compañía y en la dicha de la fuerza que te entrega salir a flote, como una flor de loto y mandar a todos a la mierda, porque al final de esta vida, lo más importante es ser congruente con uno mismo, ser feliz y acariciar a quienes te aman honestamente y a quienes amas con brutalidad.

Logré desde el punto muerto de la sinergia que me envuelve en la sinestesia...respirar, notar que sí, en todo hay corazón. Fue como ese viaje mágico que te lleva al lado oscuro de la luna y que, de pronto, con un acorde, con el sonido de un órgano, una cuerda y un grito extraño, rescata lo claro y luminoso de la vida.



Gracias a la música, gracias al viaje, gracias a ese idioma sin significado, gracias a ese pequeño pero gigante país, y sobre todo, gracias a Sigur Ros y la dicha de haber estado ahí.

Para mí, significó todo!



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martes, 14 de noviembre de 2017

Efímero

Estoy en un bus, de vuelta a la casa, la pega fue entretenidamente agotadora (he aprendido a disfrutar incluso de esas reuniones de 5 horas….quizás estoy mal, eso no debería estar pasando cierto?). No me desviaré del tema, el bus es salón cama, el trabajo paga y yo no me quejo, total, igual perdí horas de mi vida arriba de un bus, es casi como costo beneficio o ese win-win para los gringos y ganar-ganar para los laborales criollos.

La cosa es que acá, arriba del bus, escribiendo algo que asumo subiré cuando tenga guaifai o nunca (de lo que escribo generalmente priorizo la segunda opción), me di cuenta de la enorme ventaja corporativa que significa que el computador que te dieron en la pega tenga luz en las teclas (el bus está sin luz, es tarde, la gente suele dormir, aunque sinceramente, se ponen a roncar como si nadie los escuchara…malditos!) y, por otro lado pero siempre en la vía de las ventajas corporativas de la vida y, de mi limitada sabiduría, tengo espotifai primium plan familiar hace como 1 mes y eso no es lo importante, lo importante es que antes de viajar de vuelta, abusando de la buena onda del guaifai del hotel, descargué el playlist de las canciones melancólicas corta venas (como yo) que tengo en mi cuenta y ahora…soy feliz, tengo música lo que significó que las horas de luz me fui mirando cerros rocosos y viendo el atardecer escuchando cosas tan alegres como Sigur Rós, Lana del Rey, Sufjan Stevens, Radiohead, Cat Power y esas de amor sufrido de Arcade Fire. Imaginen pedazo de postal.

La verdad, deberían pagar también las cuentas de espotifai, llegaré pasado media noche a mi casa, mañana trabajo y sólo porque voy escuchando la melancolía que sólo un playlist que lleva por nombre “invierno” me podía dar es que nada me parece terrible.

PD: Voy en TurBus….espero que esta amistosa y verde empresa de transporte urbano no se le ocurra mandarse un turbuzaso, chocar y volcarse, ahí si que se iría a la cresta (bueno, si nos volcamos sería literal eso) mi felicidah musical.

martes, 17 de octubre de 2017

....Para tí, lo mejor.



Para escribirte debo cambiar de frecuencia, porque me cuesta abrirme.

Quizás soy un terciopelo áspero y engorroso, de esos que se cierran, porque me cuesta en demasía hablar desde mi ...al menos en primera persona, no me refiero a hablar de mi o hablar desde afectos positivos ya que para mi lado oscuro, soy seco, ahí tengo talento.

El tema es que no hay día en que no vea justamente la enorme ventaja de haber atravesado el lado más oscuro de la vida, del afecto y de mi persona y seguir acá, estacionado junto a alguien que me permití (y permitiste) conocer.

Es divertido vivir en sinfonía, es glamoroso verte sonreír y es un anhelo diario el sentir que estás ahí, no para mi....no tengo afán de "tener", sino, simplemente sentir que estás, ahí, en mi vida.

Eres como una canción en vivo, con sentimientos y un mundo bien bizarro en tu interior, con una amalgama agotadora de recepción, pero fundamentalmente, eres un corazón abierto, honesto y entregado, de esa entrega que todos buscan pero, irónicamente, nadie da.

Nada y todo, no sé para donde iba con lo que decía, simplemente, gracias por el inconmensurable placer de poder escribir diariamente una historia, noble, honesta y sin recursos de fuera.



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House of pain

Una mesa, el reloj marca media noche y la acumulación de botellas vacías marcan la medida exacta.
Un reloj, media vida y, un sentimiento que se complejiza y se demarca hasta desaparecer.

Una acumulación de sensaciones rotas, inexpresivas e inexploradas que, no fueron permitidas florecer, que no lograron nacer; al menos no al hemisferio consciente de su mundo interior.

Y si todo es un mal sueño?
Y si las llamadas de atención cesaron?
y si el dolor es tan sólo una gran perdida de somatización?
y si....frankl no vio todo lo que podía ver?

Aún así, sigue la misma mesa, el mismo reloj y la misma acumulación y de fondo, la canción ya cambió.







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sábado, 27 de mayo de 2017

Algografía


Me es terrible despertar todos los días, olvido con facilidad mis llaves, corro todo el día, de un lado a otro. 
Me gusta leer libros de terror y de psicología. Estoy convencido que si no despertamos nos vamos a extinguir. 
Amo las ensaladas, me cargan las pastas. 


La música me ha acompañado y salvado la vida y mi mejor viaje siempre es a un concierto o una actividad cultural. 
Me gusta el colo-colo pero no veo fútbol. 
Me carga el verano y el sol, mis días son como mi vida...nublada; he descubierto que dormir con mis hijos y despertar a media noche a mirarlos como duermen es algo impagable. 
Me carga manejar, lo detesto, prefiero andar en bici pero no puedo siempre por los pollos. 
Me gusta hacer clases y me gusta mi trabajo. 


El mes pasado terminé de escribir un libro, volví a la fotografía y retomé el Running que perdí junto con buena parte de la motivación durante un año. 



Tengo un disco al que solo le faltan las bases de batería y desde junio pintaré.




Amo las conversaciones profundas, una buena cerveza conversada y me cargan las discos ariqueñas. 
No creo en las instituciones que deberían darnos seguridad y, para cerrar (me extendí) creo firmemente en la capacidad de amar y la bondad del ser humano, aunque generalmente nos encargamos de cagarla y resolver todo es un kilombo infinito.



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miércoles, 10 de mayo de 2017

Latido profundo.



No hay tiempo. Se acabó el cronómetro de las decepciones.
No hay espacio. Colapsó el metro cuadrado de las mentiras.
No hay cortinas. Entró la luz al lánguido broche de la ambigüedad.

Se terminó, el mito de mi propia caverna.

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