miércoles, 15 de octubre de 2014

A mis hijos


A mis hijos sólo una confesión...confesiones

La vida antes era otra vida, no fue la edad, no fue el tiempo ni las intenciones, simplemente, era otra vida.

A mis hijos sólo una verdad...verdades

Podría llenar mil caminos señalando posibilidades, pero la verdad llegó más rápida

Hago un recorrido hacia atrás y me doy cuenta...de mucho, más no todo.

Yo era de los que decían que una vez que tuviese un trabajo interesante y por tanto, un sueldo interesante me lo gastaría todo en mi, compraría todo lo que generalmente un estudiante dice que se compraría con su primer sueldo, viajaría por el mundo, trabajaría gratis en pueblos aislados...pero...la verdad fue otra.

Hoy entiendo, totalmente eso de que uno disfruta mucho más cuando le compra una barbie a la hija y ella sonríe que comprando un disco que luego escucharé no más de 4 veces en un año.

Hoy entiendo con mayor claridad que las ojeras cuando uno tiene hijos son una señal de que ahí, sí, ahí está la paz y la tranquilidad.

Hoy...desde hace varios hoy atrás comprendo que mi vida sin ellos sería otra cosa....muy diversa y distinta.

La vida de un padre no es fácil, mi vida como padre puede que sea de las más complejas que al menos yo pueda racionalizar.

Mi hija de ya casi 6 años me pegó una cachetada directa al vientre masculino, sí, con ella soy madre y padre (no porque no tenga madre, para nada, más bien porque así nos entendemos y actuamos todos los días, con la necesidad casi biológica de enseñarle las enseñanzas que no tienen género, de jugar los juegos que no tienen rol y de reír con los chistes que no tienen edad).

Con mis hijos entendí que jugar a las barbies podría ser entretenido, y que papá era la frase más hermosa cuando te la dice un enano de 1 año.
Aprendí a peinar algo más que el pelo que está en mi cabeza, a hacer moños, a despertarme todos los días antes de lo que mi cabeza pudiese soportar. Aprendí lo importante que es el afecto la demostración de cariño y sobre todo...a valorar el poder del papá en la vida de los hijos. Aprendí que mi mano sobre una herida es más que una mano, es una cura que calma el dolor, que da esperanza y entrega aliento.

En  años, con ellos aprendí a ser hombre, a ser fuerte y aprendí que llorando por ella era el más fuerte del mundo.

Con ellos aprendí a repudiar a los padres que insultan a sus hijos a aquellos que dejan a sus hijos porque "la vida es joven".

Aprendí que el día no tiene horas, tiene oportunidades, oportunidad para jugar a la peluquería y que ese momento era el más relajante...aunque quedaría pasado a colonia de niña. Aprendí a que pintándome la cara, le enseñaba más que viendo tele.

Aprendí a agradecer día a día la inmensa posibilidad de verlos despertar, a valorar eso...el día a día.

mi vida de padre ha sido lejos lo más desgastante, absorbente, compleja y extraña, pero la agradezco

Hay noches en la que despierto sólo para verlos dormir y escucharlos respirar, aprendí a llorar en películas donde los hijos sufren.

Con ellos aprendí que ser apoderado de curso era una buena actividad, a que jugar en la playa era una forma de relajación, que el llanto podía tener armonía y sobre todo a valorar dos pasos, porque siempre....siempre dos pasos son el doble de importantes que uno, y hay que valoraros y reforzarlos.

Aprendí que las lagrimas de ellos son el momento exacto para mandar el mundo a la mierda y sentarme, acompañarlos y escucharlos.

Sí...con ellos aprendí que nada, nada, nada es más importante que estar ahí, que el tiempo es importante y no existe sueldo, ni espacio más importante que el de ellos que el hoy es ahora y si ahora no los aprovecho, mañana será muy tarde. Aprendí que un abrazo es lo más importante y decir te amo, nunca, nunca, nunca está de más...

Para ellos, mis mejores profesores de la vida.


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